El vegetarianismo es universal. Creencia y práctica
celosamente recomendadas por los más grandes filósofos y escritores de la
Grecia y la Roma antiguas. Lo han practicado los monjes trapenses de la Iglesia
Católica desde 1666. Como movimiento occidental activo se propagó en 1809 cerca
de Manchester, Inglaterra, entre los miembros de la Iglesia Bíblica Cristiana.
En 1847 nace la Sociedad Vegetariana (conformada por comensales laicos) y en
1908 la Unión Vegetariana Internacional, que en la actualidad celebra sus
congresos cada dos años en diferentes países.
Aunque el vegetarianismo surgió como una práctica de carácter
religioso o ético, también ha ganado gran aceptación por razones económicas,
nutricionales y estéticas. Los vegetarianos movidos por razones humanitarias
rechazan la carne porque creen que matar animales es un acto cruel e
innecesario, o que tal práctica puede llevar a desvalorizar la vida humana.
Quienes se hacen vegetarianos por motivos de salud aseguran que la carne es
nociva para el cuerpo y que es más nutritiva una dieta basada exclusivamente en
los vegetales. Debido a que la ausencia de carne en la dieta puede ser
deficitaria en proteína, los vegetarianos satisfacen sus necesidades de este
nutriente con maíz y semillas de legumbres y nueces.
La rigidez de la dieta también varía entre los vegetarianos. Los
puristas, conocidos con el nombre de veganistas, rechazan todos los
alimentos derivados de los animales, incluidos los productos lácteos como
leche, queso, mantequilla y también los huevos. Otros se abstienen sólo de
comer los alimentos cuya producción implica la destrucción de animales vivos.
Los más moderados se permiten comer alimentos que se pueden obtener sin lo que
ellos consideran dolor o sufrimiento innecesarios, como pueden ser los peces
capturados con red. La mayor parte de los vegetarianos prefieren los alimentos
en su forma más natural, de ahí que se opongan al empleo de productos químicos
en la agricultura y a los alimentos procesados o envasados.